lunes, 14 de octubre de 2024

maria filomena molder / lenguas perfectas, lenguas imperfectas


Fue en un texto singular de Alain -el capítulo I del libro tercero de los Élements de Philosophie- donde encontré el lema de estas dos páginas, aunque sólo habla de las lenguas perfectas, las técnicas o convencionales, absteniéndose de nombrar las imperfectas que él llama populares, las reales (las lenguas maternas). Las imperfectas vienen de otro texto, de Mallarmé, citado por Benjamin en «La tarea del traductor»: «Les langues imparfaites en cela que plusieurs, manque la suprême [...]». Aunque para Alain (y para mí también) las lenguas imperfectas no tienen por qué ser supremas (para Benjamin la traducción, sí, era una lengua pura, no realmente una lengua, porque no se puede aprender ni enseñar), es justo decir que aceptaba de buen grado la denominación.

Para entenderlo, lo mejor es acudir a una lengua muerta: «La ventaja decisiva de las lenguas muertas es que nadie puede mostrarnos el objeto», una tendencia perniciosa de quienes aprenden palabras a través de las cosas cuando viajan o por razones comerciales e industriales, que «parece tener el fin, y ha tenido el efecto, de poner la cultura entre paréntesis». En una lengua «completamente convencional» tiene lugar este tipo de aprendizaje, en una lengua en la que no se sabe -porque en realidad no se trata de eso- que «es a través de las palabras como hay que entender las palabras» y en ningún otro lugar se engendran, albergan, alteran y transmiten las ideas. A pesar de ello, es raro que las palabras de los lenguajes técnicos, los perfectos, «que se inventan en función de la naturaleza de los objetos, no hayan conocido algún antepasado». Alain da ejemplos: ampère, volt, ohm. Y prosigue: «Ecuación, integral, convergencia, límite siguen siendo palabras humanas, a pesar de los esfuerzos del técnico, que querría hacernos olvidar cualquier otro significado que el que resulta de la definición». Podríamos recordar, por ejemplo, la parafernalia de las ciencias neuronales.

Añadamos a las palabras de Alain, citadas a continuación, una consigna: alguien tendrá que pagar para «adivinar el pensamiento de un autor milenario a partir de estos signos maravillosamente ambiguos, ¿no? Mejor aún si el pensamiento es inmediatamente afirmado por una belleza irrefutable, inmediatamente sentida y al mismo tiempo confirmada por siglos de admiración. Aquí es donde se prepara todo pensamiento, no sólo en política y moral, sino también en física.»


VARIACIÓN

«Hay que pensar en el papel que imágenes como los cuadros (en contraposición a los dibujos de trabajo) desempeñan en nuestras vidas. Y aquí no hay en absoluto uniformidad.

Comparemos: a veces colgamos proverbios en la pared. Pero no teoremas mecánicos (nuestra relación con estas dos cosas)».

— Wittgenstein, «Philosophy of Psychology – A Fragment» XI, § 195, Philosophische Untersuchungen/Philosophical Investigations (edición de P. M. S. Hacker y Joachim Schulte)


La lucha de Wittgenstein contra la uniformidad de los papeles desempeñados por las imágenes es un bello ejemplo de la diferencia entre lenguajes perfectos e imperfectos. Aunque aquí Marinetti o Álvaro de Campos podrían contraatacar con su preferencia por los teoremas o los coches, las ruedas y los engranajes, en detrimento de las estatuas de Venus o similares, es decir, para ellos cualquier cosa podía colgarse de la pared. Y entonces Wittgenstein tendría que ir a predicar a otra parroquia. Por extraño que parezca, sin embargo, tal reacción no toca el argumento wittgensteiniano (resumido en: «hay que pensar» y «comparar con», ad se ipso o para alguien más). En primer lugar: si existe una forma de vida en la que se suelen colgar teoremas mecánicos en la pared, Wittgenstein nunca la encontró (y nosotros tampoco). En segundo lugar: si existe tal forma de vida, Wittgenstein no estaba en condiciones de comprenderla (y nosotros tampoco). Esa preferencia escandalosa es histórica, desempeñó su papel al sacudir algunas otras formas de uniformidad, algo que Wittgenstein, por otra parte, no podía comprender (él mismo confiesa su incapacidad en relación con su arte contemporáneo). Y no se repitió. Podemos entender tanto el argumento de Wittgenstein como la preferencia de Marinetti o Álvaro de Campos. Pero el mundo en el que vivimos es uno en el que podemos seguir el argumento de Wittgenstein sin más, es el de los lenguajes imperfectos, aquellos en los que se inventan y sorprenden refranes y proverbios, poemas y manifiestos. Los teoremas mecánicos o los automóviles, las ruedas y los engranajes pertenecen a los lenguajes perfectos, aquellos que tratan de cosas y no de palabras, aunque no olvidemos la reserva manifiesta, es decir, que los antepasados aparecen donde menos se les espera. Observación previa: nada te impide colgar en tu pared la Oda Triunfal o el Manifiesto Futurista.


CODA
El poema sumerio: ... las manos de la muchacha,/ el cabello estrecho de la muchacha -del que habla Herberto Helder en dos poemas de A morte sem mestre- es una especie de polvo que exuda vida.

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Maria Filomena Molder (Lisboa, 1950). Fotografía de Rui Gaudêncio. Traducción de Nicolás López-Pérez.

lunes, 7 de octubre de 2024

john keats / carta a benjamin bailey


Hampstead, 8 de octubre de 1817

Mi querido Bailey,

Después de un viaje tolerable, fui de carruaje en carruaje hasta Hampstead, donde encontré a mis hermanos. A la mañana siguiente, encontrándome bastante bien, fui a Lambs Conduit Street y entregué su paquete. Jane y Marianne estaban mucho mejor. Marianne, en especial, no tenía un rostro enfermizo e hinchado, pero me parecía sana y angulosa hasta la barbilla. No vi a John. Lamenté mucho oír que el pobre Rice, después de haber gozado de buena salud durante su viaje, estaba muy enfermo. Me atrevo a decir que usted ha oído hablar de él. Del número 19 fui a casa de Hunt y Haydon, que ahora son vecinos. Shelley estaba allí. No sé nada de nada en esta parte del mundo, todo el mundo parece estar en desacuerdo. Ahí está Hunt encaprichado, ahí está la foto de Haydon en statu quo. Hunt se pasea por su sala de pintura criticando cada cabeza sin piedad. Ahí está Horace Smith cansado de Hunt. «La red de nuestra vida es de hilo mezclado». Haydon se ha marchado por completo de Marlborough Street Crips debe dirigir su carta a Lisson Grove North - Paddington. Ayer por la mañana, mientras yo estaba en casa de Brown, vino Reynolds. Era bastante tonto, pasamos un día agradable, pero por la noche no quiso volver a casa caminando esa maldita y fría distancia. Los hijos de la Sra. Bentley están armando un escándalo horrible, por lo que lamento no poder trasladarme a su habitación para escribirle. Estoy bastante disgustada con los literatos y nunca conoceré a otro que no sea Wordsworth, ni siquiera Byron. He aquí un ejemplo de la amistad entre ellos. Haydon y Hunt se conocen desde hace muchos años, y ahora viven juntos como vecinos celosos. Haydon me dijo: «Keats, no le muestres tus líneas a Hunt bajo ningún concepto, o él habrá hecho la mitad por ti», así parece que Hunt quiere que se piense. ¡Cuando conoció a Reynolds en el teatro, John le dijo que yo estaba a punto de completar 4.000 líneas. ¡Ah! dice Hunt, si no hubiera sido por mí, habrían sido 7.000! Si le dijo esto a Reynolds, ¿qué le diría a otras personas? Hace poco, Haydon recibió una carta de una dama sobre este tema, que contiene una advertencia dirigida a mí a través de él. Puedes ver todo el caso en el siguiente extracto de una carta que escribí a George en primavera: «En cuanto a lo que dices de que soy poeta, no puedo responderte más que diciendo que la gran idea que tengo de la fama poética me hace pensar que la veo elevarse muy por encima de mí. En cualquier caso, no tengo derecho a hablar hasta que Endymion esté terminado; será una prueba, una prueba de mis poderes de imaginación y, sobre todo, de mi inventiva, que es una cosa muy rara, por la que debo hacer 4000 líneas de una simple circunstancia y llenarlas de poesía; y cuando considero que esta es una gran tarea, y que una vez hecha me llevará a sólo una docena de pasos hacia el templo de la fama, me hace decir: ¡Dios me libre de estar sin una tarea así! He oído decir a Hunt, y puede que me lo pregunten, ¿por qué esforzarse en un poema largo? A lo que yo respondería: ¿No les gusta a los amantes de la poesía tener una pequeña región por la que pasear, en la que puedan elegir y en la que las imágenes sean tan numerosas que muchas se olviden y se encuentren nuevas en una segunda lectura? ¿No les gusta esto más que lo que pueden leer antes de que la Sra. Williams baje las escaleras? Además, un poema largo es una prueba de invención, que yo considero la estrella polar de la poesía, ya que la fantasía es la vela y la imaginación el timón. ¿Nuestros grandes poetas escribieron alguna vez piezas cortas? Quiero decir en forma de Cuentos - Esta misma invención parece haber sido olvidada en los últimos años como una excelencia Poética. Pero basta de esto, no me pondré laureles hasta que haya terminado Endymion, y espero que Apolo no se enfade por haberme burlado de él en Hunt's».

Ya ves Bailey lo independiente que ha sido mi escritura - la disuasión de Hunt no sirvió de nada - me negué a visitar a Shelley, para poder tener mi propio Alcance sin trabas - y después de todo tendré la Reputación del elevé de Hunt. Sus correcciones y amputaciones serán trazadas por los conocedores en el Poema. Esto es, sin duda, el fastidio de un día, y yo no diría tantas palabras al respecto a nadie más que a aquellos que sé que tienen mi bienestar y mi reputación en el corazón. Haydon prometió dar instrucciones para esos moldes y usted puede esperar verlos pronto, con otras tantas cartas. Pronto oirás el tañido de las campanas, no te preocupes, tú y Gleg desafiaréis al malvado demonio. Pero no sacrifiques tu salud a los libros, tómatelo con calma y no tan vorazmente. Estoy segura de que si usted es su propio médico, su estómago recuperará su fuerza y entonces obtendrá grandes beneficios. Mi hermana me escribió una carta que creo debe estar en la oficina de correos. Mis hermanos le envían un cordial recuerdo. Vamos a cenar a casa de Brown, donde tengo esperanzas de encontrarme con Reynolds. El poco mercurio que he tomado ha corregido el veneno y mejorado mi salud, aunque por mi trabajo creo que nunca volveré a estar seguro de mi robustez.

Su sincero amigo y hermano
John Keats

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John Keats (Moorgate, 1795-Roma, 1821) Versión de Nicolás López-Pérez.

lunes, 30 de septiembre de 2024

percy bysshe shelley / defensa de la poesía (extracto)


De acuerdo con un modo de considerar esas dos clases de acción mental, que son llamadas razón e imaginación, la primera puede ser considerada como la mente que contempla las relaciones llevadas por un pensamiento a otro, sin embargo producido, y la segunda, como la mente que actúa sobre esos pensamientos para colorearlos con su propia luz, y componiendo de ellos, a semejanza de los elementos, otros pensamientos, cada uno conteniendo en sí mismo el principio de su propia integridad. El uno es el [poiein], o principio de síntesis, y tiene por objeto las formas comunes a la naturaleza universal y a la existencia misma; el otro es el [logizein], o principio de análisis, y su acción considera las relaciones de las cosas simplemente como relaciones; considerando los pensamientos, no en su unidad integral, sino como las representaciones algebraicas que conducen a ciertos resultados generales. La razón es la enumeración de cualidades ya conocidas; la imaginación es la percepción del valor de esas cualidades, tanto por separado como en conjunto. La razón respeta las diferencias, y la imaginación las semejanzas de las cosas. La razón es a la imaginación como el instrumento al agente, como el cuerpo al espíritu, como la sombra a la sustancia. 

La poesía, en un sentido general, puede definirse como «la expresión de la imaginación»: y la poesía está relacionada con el origen del hombre. El hombre es un instrumento sobre el cual una serie de impresiones externas e internas son conducidas, como las alternancias de un viento siempre cambiante sobre una lira Æolica, que la mueven por su movimiento a una melodía siempre cambiante. Pero hay un principio dentro del ser humano, y tal vez dentro de todos los seres sensibles, que actúa de manera diferente que en la lira, y produce no sólo melodía, sino armonía, por un ajuste interno de los sonidos o movimientos así excitados a las impresiones que los excitan. Es como si la lira pudiera acomodar sus cuerdas a los movimientos de aquello que las golpea, en una determinada proporción de sonido; así como el músico puede acomodar su voz al sonido de la lira. Un niño que juega por sí mismo expresará su deleite por su voz y sus movimientos; y cada inflexión de tono y cada gesto guardarán una relación exacta con un antitipo correspondiente en las impresiones placenteras que lo despertaron; será la imagen reflejada de esa impresión; y como la lira tiembla y suena después de que el viento se ha extinguido, así el niño busca, prolongando en su voz y movimientos la duración del efecto, prolongar también una conciencia de la causa. En relación con los objetos que deleitan al niño, estas expresiones son lo que la poesía es para los objetos superiores. El salvaje (pues el salvaje es para las edades lo que el niño es para los años) expresa las emociones producidas en él por los objetos circundantes de una manera similar; y el lenguaje y el gesto, junto con la imitación plástica o pictórica, se convierten en la imagen del efecto combinado de esos objetos, y de su aprehensión de ellos. El hombre en sociedad, con todas sus pasiones y sus placeres, se convierte luego en el objeto de las pasiones y placeres del hombre; una clase adicional de emociones produce un tesoro aumentado de expresiones; y el lenguaje, el gesto y las artes imitativas, se convierten a la vez en la representación y el medio, el lápiz y el cuadro, el cincel y el estatuto, el acorde y la armonía. Las simpatías sociales, o aquellas leyes de las que, como de sus elementos, resulta la sociedad, comienzan a desarrollarse desde el momento en que dos seres humanos coexisten; el futuro está contenido dentro del presente, como la planta dentro de la semilla; y la igualdad, la diversidad, la unidad, el contraste, la dependencia mutua, se convierten en los únicos principios capaces de proporcionar los motivos según los cuales la voluntad de un ser social se determina a la acción, en la medida en que es social; y constituyen el placer en la sensación, la virtud en el sentimiento, la belleza en el arte, la verdad en el razonamiento y el amor en el trato de los semejantes. De ahí que los hombres, incluso en la infancia de la sociedad, observen un cierto orden en sus palabras y acciones, distinto del de los objetos y las impresiones representadas por ellos, estando toda expresión sujeta a las leyes de aquello de lo que procede. Pero dejemos de lado esas consideraciones más generales que podrían implicar una indagación sobre los principios de la sociedad misma, y limitemos nuestra mirada a la manera en que la imaginación se expresa sobre sus formas. 

En la juventud del mundo, los hombres bailan y cantan e imitan los objetos naturales, observando en estas acciones, como en todas las demás, un cierto ritmo u orden. Y, aunque todos los hombres observan un semejante, no observan el mismo orden, en los movimientos de la danza, en la melodía de la canción, en las combinaciones del lenguaje, en la serie de sus imitaciones de los objetos naturales. Porque hay un cierto orden o ritmo perteneciente a cada una de estas clases de representación mimética, del que el oyente y el espectador reciben un placer más intenso y más puro que de cualquier otro: el sentido de una aproximación a este orden ha sido llamado gusto por los escritores modernos. Todo hombre en la infancia del arte observa un orden que se aproxima más o menos estrechamente a aquel del que resulta este deleite más elevado: pero la diversidad no es suficientemente marcada, como para que sus gradaciones sean sensibles, excepto en aquellos casos en que el predominio de esta facultad de aproximación a lo bello (pues así se nos permite denominar la relación entre este placer más elevado y su causa) es muy grande. Aquellos en quienes existe en exceso son poetas, en el sentido más universal de la palabra; y el placer que resulta de la manera en que expresan la influencia de la sociedad o de la naturaleza sobre sus propias mentes, se comunica a otros, y obtiene una especie de reduplicación de esa comunidad.

Su lenguaje es vitalmente metafórico; es decir, marca las relaciones de las cosas antes no comprendidas y perpetúa su comprensión, hasta que las palabras que las representan se convierten, a través del tiempo, en signos de porciones o clases de pensamientos en lugar de imágenes de pensamientos integrales; y entonces, si no surgen nuevos poetas para crear de nuevo las asociaciones que han sido así desorganizadas, el lenguaje estará muerto para todos los propósitos más nobles de las relaciones humanas. Lord Bacon dice finamente que estas semejanzas o relaciones son «las mismas huellas de la naturaleza impresas en los diversos temas del mundo » y considera la facultad que las percibe como el almacén de axiomas comunes a todo el conocimiento. En la infancia de la sociedad todo autor es necesariamente un poeta, porque el lenguaje mismo es poesía; y ser poeta es aprehender lo verdadero y lo bello, en una palabra, el bien que existe en la relación, subsistente, primero entre existencia y percepción, y segundo entre percepción y expresión. Toda lengua original cercana a su fuente es en sí misma el caos de un poema cíclico: la copiosidad de la lexicografía y las distinciones de la gramática son obras de una época posterior, y no son más que el catálogo y la forma de las creaciones de la poesía. 

Pero los poetas, o los que imaginan y expresan este orden indestructible, no sólo son los autores del lenguaje y de la música, de la danza, y de la arquitectura, y de la estatuaria, y de la pintura: son los instituyentes de las leyes, y los fundadores de la sociedad civil, y los inventores de las artes de la vida, y los maestros, que atraen hacia una cierta propincuidad con lo bello y lo verdadero esa aprehensión parcial de los organismos del mundo invisible que se llama religión. De ahí que todas las religiones originales sean alegóricas, o susceptibles de alegoría, y, como Jano, tengan una doble cara de falso y verdadero. Los poetas, según las circunstancias de la época y de la nación en que aparecieron, fueron llamados, en las primeras épocas del mundo, legisladores o profetas: un poeta comprende y une esencialmente estos dos caracteres. Porque no sólo contempla intensamente el presente tal como es, y descubre las leyes según las cuales deben ordenarse las cosas presentes, sino que contempla el futuro en el presente, y sus pensamientos son los gérmenes de la flor y el fruto de los últimos tiempos. No es que afirme que los poetas sean profetas en el sentido burdo de la palabra, o que puedan predecir la forma con tanta certeza como el espíritu de los acontecimientos: tal es la pretensión de la superstición, que haría de la poesía un atributo de la profecía, en lugar de la profecía un atributo de la poesía. Un poeta participa de lo eterno, lo infinito y lo uno; en lo que se refiere a sus concepciones, el tiempo y el lugar y el número no lo son. Las formas gramaticales que expresan los estados de ánimo del tiempo, y la diferencia de personas, y la distinción de lugar, son convertibles con respecto a la poesía más elevada sin dañarla como poesía; y los coros de Esquilo, y el libro de Job, y el «Paraíso» de Dante proporcionarían, más que cualquier otro escrito, ejemplos de este hecho, si los límites de este ensayo no prohibieran la citación. Las creaciones de la escultura, la pintura y la música son ilustraciones aún más decisivas. 

El lenguaje, el color, la forma y los hábitos religiosos y civiles de acción, son todos instrumentos y materiales de la poesía; pueden ser llamados poesía por esa figura retórica que considera el efecto como sinónimo de la causa. Pero la poesía en un sentido más restringido expresa aquellos arreglos del lenguaje, y especialmente el lenguaje métrico, que son creados por esa facultad imperial, cuyo trono está encubierto dentro de la naturaleza invisible del hombre. Y esto surge de la naturaleza misma del lenguaje, que es una representación más directa de las acciones y pasiones de nuestro ser interno, y es susceptible de combinaciones más diversas y delicadas, que el color, la forma o el movimiento, y es más plástico y obediente al control de esa facultad de la que es la creación. Porque el lenguaje es producido arbitrariamente por la imaginación, y sólo tiene relación con los pensamientos; pero todos los demás materiales, instrumentos y condiciones del arte tienen relaciones entre sí, que limitan y se interponen entre la concepción y la expresión. La primera es como un espejo que refleja, la segunda como una nube que debilita, la luz de las cuales ambas son medios de comunicación. De ahí que la fama de los escultores, pintores y músicos, aunque los poderes intrínsecos de los grandes maestros de estas artes no cedan en ningún grado a la de aquellos que han empleado el lenguaje como jeroglífico de sus pensamientos, nunca ha igualado a la de los poetas en el sentido restringido del término; como dos intérpretes de igual habilidad producirán efectos desiguales de una guitarra y un arpa. Sólo la fama de los legisladores y fundadores de religiones, mientras duren sus instituciones, parece exceder a la de los poetas en el sentido restringido; pero apenas cabe preguntarse si, si deducimos la celebridad que suele conciliar su adulación de las opiniones groseras del vulgo, junto con la que les pertenecía en su carácter superior de poetas, quedará algún exceso. 

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Percy Bysshe Shelley (Horsham, 1792-Lerici, 1822). Versión de Nicolás López-Pérez.

lunes, 23 de septiembre de 2024

edmond jabès / sobre la poesía


¿Habrá en la escritura, como en la vida, momentos privilegiados con respecto a otros? Si es así, podríamos definir la poesía como uno de estos momentos.

Si comparo una página escrita con un jardín, tenderé, en un principio, a ver en la rosa, la imagen misma del poema; pero estaré incurriendo en un grave error.

La poesía es enemiga de la apariencia. Es pertenencia inmemorial. Del jardín, sería, más bien, tierra fecunda, húmeda, esa milagrosa humedad de las profundidades de la tierra. Podría ser, también, savia y raíces.

La poesía funda nuestra relación con el mundo.

Y es por ello por lo que, al contemplar la rosa, en un momento dado, ya no es ella lo que vemos sino otra flor que, aunque conserve el nombre de rosa, nos interpela en tanto que flor del secreto; secreto en flor, rosa imaginaria, que da rienda suelta a nuestra imaginación.

Y sin embargo, la poesía apela menos a nuestra imaginación que a nuestra insospechada facultad de ver y oír.

Es, en lo creado, lo que se crea, a medida que eso creado nos solicita y subyuga.

Es fascinación de un increado; lo informe de donde nacerá la forma, un increado que, poco a poco, se convertirá en nuestra creación.


¿Vivirá la poesía en nosotros? En tal caso, cabría preguntarse si existe, en nosotros, como tal, o si no es, sencillamente, la capacidad que tenemos capacidad de poeta de expresarnos, plenamente; si no está en esa plenitud de expresión que, con nuestros propios medios, hemos alcanzado; si, finalmente, no es más que una extraordinaria experiencia del lenguaje.

Lo escrito no tiene límites que no sean límites del escritor. Ilimitada, la forma se asfixia en sus límites.

¿Pero qué sería una forma que hubiera perdido sus contornos? 

Si el objeto, la palabra, existen, es porque pueden ser circunscritos.

Entonces, ¿a qué se debe que en la mayoría de los casos se nos escapen?

No delimitamos más que nuestro acercamiento a ellos y a éste nos resignamos.

¿Podríamos decir que este acercamiento insuficiente es el punto de partida de una aventura de la forma que, para ella, consistiría en hundirse en su noche hasta allí donde todavía sigue siendo ella misma, no siendo más que deseo compartido: compartir un deseo insatisfecho en el que nos uniríamos?

Lo increado precede a la creación pero, al estar siempre por crear, al mismo tiempo la sigue. 

El poema tal vez sea lo que la escritura puede y ama. 

¿Pero sabremos alguna vez todo lo que la poesía ansía? 

Ansía más de lo que puede, es en este "más" donde se inscribe. La escritura sólo se hace frente a la escritura. 

Oceáno. Oceáno.

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Edmond Jabès (El Cairo, 1912–París, 1991) El libro de los márgenes III. Construir en el día a día.  Madrid: Arena, 2006, pp. 51-53. Traducción de Begoña Díez Zearsolo.