lunes, 26 de febrero de 2024

audre lorde / la poesía no es un lujo


La calidad de la luz con la que observamos nuestras vidas tiene un efecto directo sobre la manera en que vivimos y sobre los cambios que pretendemos lograr con nuestro vivir. En esta luz concebimos la ideas mediante las que tratamos de descubrir nuestro mundo mágico y hacerlo realidad. Y esto es la poesía entendida como iluminación, puesto que a través de la poesía damos nombre a las ideas que, hasta que surge el poema, no tienen nombre ni forma, ideas aun por nacer pero ya intuidas. La destilación de la experiencia de la que brota la autentica poesía da a luz al pensamiento tal como los sueños dan a luz a los conceptos, o como los sentimientos dan a luz a las ideas y el conocimiento da a luz (precede) al entendimiento.

A medida que aprendemos a soportar la intimidad con esa observación constante y a florecer en ella, a medida que aprendemos a utilizar los resultados del escrutinio para fortalecer nuestra existencia, los miedos que rigen nuestras vidas y conforman nuestros silencios comienzan a perder el dominio sobre nosotras.

Todas y cada una de nosotras, las mujeres, poseemos en nuestro interior un lugar oscuro donde nuestro autentico espíritu oculto crece y se alza, “hermoso/ y solido como un castaño/ puntal contra (v)nuestra pesadilla de debilidad” e impotencia.

Estos ámbitos internos de potencialidad son oscuros porque son antiguos y recónditos; han sobrevivido y han cobrado fuerza en la oscuridad. En estos profundos lugares, todas albergamos una reserva increíble de creatividad y fuerza, de emociones y sentimientos que no hemos analizado y de los que no somos conscientes. El ámbito de poder que cada mujer posee en su interior no es blanco ni superficial; es oscuro, vetusto y profundo.

Cuando concebimos el modo de vida europeo como un mero problema a resolver, pretendemos alcanzar la libertad basándonos tan solo en nuestras ideas, porque los padres blancos nos dijeron que lo valioso son las ideas.

Pero a medida que ahondamos en el contacto con nuestra conciencia ancestral y no europea, que ve a la vida como una situación que debe experimentarse y con la que hay que interactuar, vamos aprendiendo a valorar nuestros sentimientos y a respetar las fuentes ocultas del poder de donde emana el verdadero conocimiento y por tanto, la acción duradera.

Estoy convencida de que, en nuestros tiempos, las mujeres llevamos dentro la posibilidad de fusionar estas dos perspectivas, tan necesarias ambas para la supervivencia, y de que es en la poesía donde mas nos acercamos a esa combinación. Me refiero a la poesía entendida como reveladora destilación de la experiencia y no al estéril juego palabras que, tantas veces, los padres blancos han querido hacer pasar por poesía en un intento de camuflar el desesperado deseo de imaginar sin llegar a discernir.

Para las mujeres, la poesía no es un lujo. Es una necesidad vital. Ella define la calidad de la luz bajo la cual formulamos nuestras esperanzas y sueños de supervivencia y cambio, que se plasman primero en palabras, después en ideas y, por fin, en una acción mas tangible. La poesía es el instrumento mediante el que nombramos lo que no tiene nombre para convertirlo en objeto del pensamiento. Los mas amplios horizontes de nuestras esperanzas y miedos están empedrados con nuestros poemas, labrados en la roca de las experiencias cotidianas.

A medida que los vamos conociendo y aceptando, nuestro sentimientos, y la honesta indagación sobre ellos, se convierten en refugio y semillero de ideas radicales y atrevidas. Se convierten en baluarte de esa diferencia tan necesaria para el cambio y la conceptualización de cualquier acción fructífera. Ahora mismo podría enumerar cuando menos diez ideas que me habrían parecido intolerables, incomprensibles y pavorosas si no hubieran surgido tras un sueño o un poema. No estoy hablando de vanas fantasías, sino de una atención disciplinada al verdadero significado de la frase “me hace sentir bien”. Podemos entrenarnos para respetar nuestros sentimientos y traducirlos a palabras que nos permitan compartirlos. Y cuando las palabras necesarias aun no existen, la poesía nos ayuda a concebirlas. La poesía no solo se compone de sueños y visiones; es la estructura que sustenta nuestras vidas. Es ella la que pone los cimientos de un futuro diferente, la que tiende un puente desde el miedo a lo que nunca ha existido.

Las posibilidades no son eternas ni tampoco instantáneas. No es fácil mantener la confianza en su eficacia. En algunas ocasiones, tras largos y denodados esfuerzos por construir la base de la autentica resistencia contra las muertes que nos tocara vivir, esa base se viene abajo o se tambalea por culpa de las falacias que nos enseñaron a fundar nuestra seguridad. Las mujeres nos sentimos disminuidas y debilitadas por la acusación, falsamente benévola, de que somos infantiles, particularistas, volubles y sensuales. Habría que preguntarse: Estoy modificando tu aura, tus ideas, tus sueños, o simplemente te estoy impulsando a tener una reacción temporal? Esta tarea que no es sencilla, ha de entenderse en el contexto de la necesidad de un cambio autentico en los fundamentos de nuestras vidas.

Los padres blandos nos dijeron “Pienso, luego existo”. La madre negra que todas llevamos dentro, la poeta, nos susurra en nuestros sueños: “Siento, luego puedo ser libre”. La poesía acuña el lenguaje con el que expresar e impulsar esta exigencia revolucionaria, la puesta en practica de la libertad.

Ahora bien, la experiencia nos ha enseñado que, además, siempre es necesaria la acción en el momento presente. Nuestros hijos no pueden soñar si no viven, no pueden vivir si no los alimentamos, y quien si no podrá proporcionarles ese autentico alimento sin el cual sus sueños no podrán ser distintos de los nuestros? “Si queréis que algún día lleguemos a cambiar el mundo, por lo menos tendréis que concedernos el tiempo necesario para que nos hagamos mayores!”, grita el niño.

A veces nos drogamos a base de soñar nuevas ideas. El pensamiento nos salvará. El cerebro nos liberará. Pero lo cierto es que no tenemos en reserva ideas nuevas que puedan rescatarnos como mujeres, como seres humanos. Tan sólo existen las ideas viejas y olvidadas; una vez que las reconozcamos en nuestro interior, podremos realizar con ellas nuevas combinaciones, nuevas extrapolaciones, y hacer acopio de valor para ponerlas en practica. Y en todo momento hemos de infundirnos ánimo a nosotras mismas y unas a otras para poner a prueba esas acciones heréticas que están implícitas en nuestros sueños y desacreditadas por nuestra forma de pensar tradicional. Sólo la poesía, desde la vanguardia de la lucha por el cambio, insinúa las posibilidades que pueden hacerse realidad. Nuestros poemas formulan las implicaciones nacidas de nuestro ser, lo que sentimos profundamente y nos atrevemos a plasmar en realidad (al actuar en consonancia) nuestros miedos, nuestras esperanzas, nuestros más íntimos terrores.

Nuestros sentimientos no estaban llamados a sobrevivir en una estructura de vida definida por el beneficio, por el poder lineal, por la deshumanización institucionalizada. Los sentimientos se han conservado como adornos inevitables o como agradables pasatiempos, con la esperanza de que se doblegaran ante el pensamiento tal y como se esperaba que las mujeres se doblegaran ante los hombres. Pero las mujeres han sobrevivido. Y también los poetas. Y no hay nuevos dolores. Ya los hemos sentido todos. Los hemos escondido en el mismo lugar donde tenemos oculto nuestro poder. Ambos afloran en los sueños, y los sueños nos señalan el camino de la libertad. Podemos plasmar los sueños en nuestros poemas pues éstos nos dan la fortaleza y el valor de ver, de sentir, de hablar y de ser audaces.

Si desdeñamos lo que necesitamos para sonar, para mover nuestro espíritu profundamente, a través de la promesa y hacia ella, si lo consideramos un lujo, estamos renunciando a la esencia, a los fundamentos de nuestro poder, de nuestra condición de mujeres: estamos renunciando al futuro de nuestro mundo.

Porque no existen ideas nuevas. Tan sólo existen nuevos medios de sentirlas, de examinar cómo se sienten esas ideas viviéndolas un domingo a las siete de la mañana, después del desayuno, en pleno frenesí amoroso, haciendo la guerra, dando a luz o llorando a nuestros muertos… mientras sufrimos por los viejos anhelos, batallamos contra las viejas advertencias y los miedos a estar en silencio, impotentes, solas, mientras saboreamos las nuevas posibilidades y nuestra nueva fortaleza.

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Audre Lorde (Harlem, 1934-Santa Cruz, 1992) La hermana, la extranjera. Artículos y conferencias. Madrid: Horas y Horas, 2003. Traducción de María Corniero.

lunes, 19 de febrero de 2024

molly peacock / la ecuación del poema en prosa


Poesía = Inocencia; Prosa = Experiencia. Tuve la certeza de esas ecuaciones. Aunque yo comencé a escribir en ambos géneros tan pronto como comencé mi existencia binacional hace más de veinte años, poesía y prosa permanecieron separadas como la moneda de Estados Unidos y la de Canadá, una con la cabeza de un presidente, la otra con el rostro de una reina. ¿El poema en prosa? Eso habría sido como Andrew Jackson con un conjunto de triple hilo de perlas en el billete de $20 USD. O la Reina Elizabeth II con un par de cejas peludas en el billete de $20 CAD.

Yo llevaba una cartera con un divisor de billetes. No, no comprendí el poema en prosa.

La poesía lírica vino desde un lugar profundamente interior, un dominio preverbal. La prosa era una herramienta de la conciencia. Dentro de su lógica de la vigilia, la frase articula ideas y argumentos. Pero la lógica del sueño articula impulsos. “¿Cómo debo contar esto?” es la pregunta de la narrativa. Nunca pensé sobre cómo contar un poema lírico. Únicamente pensé cómo hacer uno.

La poesía busca nombrar; la prosa busca explicar. Los poemas favorecen a los sustantivos; la prosa a los verbos. Los poemas tienen una gama de técnicas porque combinan dos tipos de música (verso y frase) pero se transfieren a un punto inmóvil (como si la música se volviera una pintura). La prosa tiene un tipo de música, que parece avanzar hacia adelante con sencillez relativa (frases integradas en oraciones integradas en cláusulas, c’est tout!).

Y quizá lo más importante para mí, los poemas se derivan de la Inocencia, o del desconocimiento. La prosa se deriva de la Experiencia, o del conocimiento. Es extraño comparar la ciudad de Nueva York con la inocencia, pero lo hice, ya que allí comencé mi vida poética. Canadá, donde me casé y empecé lo que pensé que era mi madurez, lo equiparé con la experiencia.

Las historias, entendí mientras esperaba en las filas aduaneras para declarar bienes y recibos de seguros de dos contadores diferentes para calcular los impuestos de dos gobiernos firmemente distanciados, no se componen en versos.

La separación de la iglesia y el estado, ¿no es fundamental? En Canadá no nos molestamos con eso. En Canadá muchos poetas también escriben prosa, o debería decir que los escritores de ficción como Anne Michaels, Michael Ondaatje, Susan Goyette, Margaret Atwood, Steven Heighton, y Jane Urquhart también escriben poesía. En Canadá, cruzando una frontera literaria que primero parecía gruesa e impermeable, intenté con la prosa y escribí una memoria. La motivación fue la misma de mis poemas. (“Por qué no decir lo que sucedió,” Elizabeth Hardwick aconsejó a Robert Lowell.) El salto a las memorias fue probablemente uno, pero contrario a las ideas habituales de búsqueda interior, este fue un salto hacia afuera, dentro de una discusión con la prosa. Comencé a estar fascinada por los ritmos de la Experiencia, lo que, en términos gramaticales, significa que me comencé a interesar por la oración. La memoria me llevó a considerar una forma de vida en el tiempo. Esto, a la vez, me llevó a la biografía.

La biografía, con su compromiso hacia la erudición y la verdad dicha, parece una parte tan importante del dominio prosaico de la Experiencia que casi podría ser el anti-poema. Hay muy pocos poetas biógrafos, pero yo comencé a serlo cuando escribí acerca de la artista de collage del siglo XVIII Mary Delany en mi libro The Paper Garden. En esa época, las dualidades en mi vida (dos culturas (una en la que coexisten dos idiomas), dos géneros, un sistema parlamentario, un sistema bipartidista, incluso dos sistemas de salud y un montón de equipos de huellas oculares y huellas digitales en la base de datos de máquinas Easy Entry Nexus) parecían naturales. La sinapsis y sus chispas.

Pero algo también viajó a través de una sinapsis en mi vida, y aún lo hace: las corrientes de una amistad de toda la vida en poesía. Sorprendentemente, Phillis Levin y yo hemos intercambiado poemas y hablado acerca de la naturaleza de la poesía por treinta y ocho años. (Nos conocimos como estudiantes de posgrado en los seminarios de escritura de la Universidad Johns Hopkins.) Phillis dictó una brillante conferencia acerca de los pronombres en el programa de la Spalding University Brief Residency MFA. Después propuso un ejercicio basado en el poema sensual de Herbert Lomas, “Something, Nothing and Everything.”

 

Escriba un poema que repita un pronombre en una serie de lugares e intervalos diferentes. No defina el sustantivo /nombre/ significado de ese pronombre. Usted mismo tampoco debe saber el sustantivo/ nombre/ significado: esto puede ser un misterio para usted también; o tal vez puede estar en términos íntimos con su naturaleza, aunque no pueda/ no le complazca nombrarlo.

 

Hice el ejercicio y me encontré escribiendo líneas mal definidas sobre un niño que sentía que él sabía cosas para las que no tenía palabras. (Su padre le había dicho que un pensamiento no existía hasta que fuera puesto en palabras.) Entonces se acumularon tantos pronombres que cedí y nombré a este compañero C. (Él era una suave y pequeña c, pero su padre era una C mayúscula.) Después me di cuenta de que había escrito una parte de una pequeña biografía en versos que estaban más basados en oraciones de lo que creía que un poema podría estar.

Para entonces, después de décadas de encrucijadas, la frontera entre Canadá y los Estados Unidos se volvió para mí una membrana viva más que una línea. Ahora hay siempre dos pasaportes en mi bolso, así como fichas del metro de Toronto y una tarjeta de metro de Nueva York. Nunca dejé de escribir poemas líricos, pero ahora casi siempre estoy envuelta en un proyecto de investigación también. Podría hacer todo el alfabeto, pensé banalmente después de redactar la historia de esa suave y pequeña c.

La aliteración ha sido tratada injustamente en la poesía contemporánea, pero me preguntaba si realmente le presté atención a las raíces de esta técnica anglosajona, si un vocabulario particular podría brindar energía a estos poemas variados. La aliteración texturizó sus superficies. Así como la textura se construyó, la narrativa se relajó. Pronto estaba escribiendo pequeños momentos biográficos que había inventado por completo (para el alivio imaginativo desde el pesado trabajo de la investigación biográfica). Con una facilidad similar para equilibrar las dualidades cotidianas de mi vida, mezclé los versos dentro de las oraciones.

El género mezclado buscaba tanto nombrar como explicar. Favorecía a los sustantivos (y, debido a la aliteración) cabalgaba sobre los lomos de los verbos. A veces abandonaba la lógica de la vigilia por la lógica del sueño. Sus raíces eran internas y reconocía sus fuentes preverbales, pero esto se narró. Apuntaba a un punto fijo, pero, crucialmente, abandonaba la doble música del verso más la oración por la flecha individual de la oración. A ese respecto, el género mezclado había emigrado a la prosa. Pero la poesía era absolutamente la fuente, la tierra natal.

Eventualmente este proyecto creció a veintiséis segmentos con un título: Alphabetique: 26 Characteristic Fictions.

“Q del Alphabetique” de Kara Kosaka

Superando los años que había pasado con los collages florales de Mary Delany, deseé un componente visual para el Alphabetique. En un movimiento imaginativo mi casa editorial canadiense, McClelland & Stewart, respondió a mi sugerencia de colaborar con una artista de collage encontrando a una para trabajar conmigo: Kara Kosaka. El collage en sí es un género mezclado, y Kosaka lo practica con magnificencia. Su trabajo aquí es una respuesta ilustrada para “The poet” y “Q’s Quest.” Las imágenes que se producen normalmente en la poesía se producen como el material de los collages. La recombinación del trabajo escrito y las imágenes realza la noción de poema en prosa. Los collages de Kosaka también regresan el trabajo prosaico a su fuente poética: el nominativo. Porque los sustantivos evocan los objetos en los collages, traen de vuelta a la escritura hacia el momento de su nacimiento imaginativo.

Poemas = ¿Inocencia? Prosa = ¿Experiencia? Viajar de ida y regreso entre dos países de manera literal, física, virtual y figurativa me hizo entender que la Inocencia nunca se pierde. Nosotros no vivimos en una línea de tiempo unidireccional. Los eventos de nuestras vidas circulan dentro y fuera de formas tan inesperadas que repetidamente nos encontramos en estados de desconocimiento, estados de Inocencia, el ejemplo más fácil de esto ocurre cuando pensamos que las cosas eran de una manera, y resultan ser de otra. Luego, la Experiencia se reafirma a sí misma, tenemos que revisar nuestra historia. “The poet” y “Q’s Quest” en la edición de diciembre de 2014 son exactamente sobre eso. 

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Molly Peacock (Bufalo, 1947). Traducción de Jesús Moreno Cadena. Círculo de Poesía.

lunes, 12 de febrero de 2024

hilda doolittle / apuntes sobre el pensamiento y la visión (extracto)


  Hay tres estados o manifestaciones de vida: cuerpo, mente, consciencia.
       El fin de hombres y mujeres de mayor desarrollo es el equilibrio, la mesura, el crecimiento de los tres de una sola vez; el cerebro sin fuerza física es una manifestación de debilidad, una enfermedad comparada a la expansión de un cáncer o tumor; el cuerpo sin una razonable cantidad de intelecto es un bulto vacío y fibroso de glándulas tan feo y pequeño para ser deseado como el cuerpo de quien padezca elefantiasis u obesidad mórbida; la consciencia sin el equilibrio de los dos es locura y una persona desarrollada debiera tener tanto respeto como un maniaco razonable y nada más.

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     La mayoría de los hombres y mujeres razonables, normales, iguales y equilibrados necesitan y buscan, en determinados momentos de sus vidas, relaciones físicas ciertas y definidas. Hombres y mujeres de temperamento, músicos, científicos, artistas especialmente, necesitan este tipo de relaciones para desarrollar y proyectar sus talentos. No desear y hacer todo lo posible para no desarrollarse a lo largo de estas líneas físicas naturales, lisia y empequeñece el ser. Rehuir, negar y menospreciar tales experiencias es enterrar cuidadosamente el talento de alguien en una servilleta.

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        Cuando un científico creativo, un artista o filósofo ha estado por horas o días trabajando, su mente, a menudo, asume casi un carácter físico. Esto es, su mente se vuelve en realidad su cuerpo. Su consciencia se convierte en su cerebro. 
       Cuando Leonardo da Vinci trabajó, su cerebro era Leonardo; su personalidad, Leonardo da Vinci. Él, definitivamente, observó las caras de muchos jóvenes, bebés y jóvenas con su consciencia. "La Virgen de las Rocas" no es una imagen. Es una ventana. Miramos a través de una ventana a un mundo de consciencia pura. 

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        Si pudiera visualizar o describir esa consciencia en mi propio caso, debería decir esto: me parece que una capa está sobre mi cabeza, una capa de consciencia sobre mi cabeza, sobre mi frente, afectando un poco mis ojos. A veces cuando estoy en ese estado de consciencia, las cosas alrededor mío aparecen ligeramente borrosas como si se vieran bajo el agua.
      Las cosas ordinarias nunca serán muy irreales ni desproporcionadas. Solo es un esfuerzo para reajustar, para concentrarse, semejando un ligero esfuerzo físico.

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        Esa consciencia parece una capa, como el agua, transparente, líquida, sin embargo, con un cuerpo definido y contenido en un espacio determinado. Es como un alga marina madura, una medusa o una anémona.
         En la consciencia, los pensamientos pasan y son visibles como los peces nadan bajo agua clara.

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     La oscilación de la consciencia normal a la consciencia anormal está acompañada por una demoledora e incómoda agonía mental.

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      Debo decir -para continuar con la metáfora de la medusa- que los tentáculos largos bajan y atraviesan el cuerpo, y se mantienen de pie en relación tanto con el sistema nervioso como con la consciencia, así como con el cerebro o el intelecto.
       He aquí, entonces, un conjunto de super-sentimientos. Esos sentimientos se extienden fuera y alrededor nuestro; como los largos y flotantes tentáculos de las medusas estirándose y atravesando su cuerpo. Ellos no son de distinto ni extraño material, como los brazos y piernas son ajenos a la materia gris del cerebro. Los super-tentáculos son parte de la super-mente, como los tentáculos de las medusas son la medusa en sí misma, elongada en hilos finos.
        Primero me di cuenta de este estado de consciencia en mi mente. Lo visualicé como tal, luego centrado en la zona amatoria del cuerpo o ubicado como un feto en el cuerpo. 
           El centro de la consciencia, ya sea el cerebro o la zona amatoria del cuerpo.

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          ¿Es más fácil alcanzar este estado de consciencia para una mujer que para un hombre? 
     Para mí, fue antes del nacimiento de mi hija que la consciencia de medusa parecía venir definitivamente al campo o al reino del intelecto o el cerebro.

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         ¿Son estos estados de consciencia de medusa intercambiables? ¿Deberíamos ser capaces de pensar con el útero y de sentir con el cerebro? 
    ¿Puede esta consciencia centrarse por completo en el cerebro o enteramente en el útero o correspondiendo con la zona amatoria del cuerpo de un hombre?

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         La visión es de dos tipos: visión del útero y visión del corazón. En la visión del cerebro, la región de consciencia está por sobre y alrededor de la cabeza; cuando el centro de la consciencia se cambia de posición y la medusa está en el cuerpo (en mi caso lo visualizo posicionado en el lado izquierdo con los transmisores o los tentáculos emitiendo señales al cerebro), tenemos la visión del útero o la visión amorosa.

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          La mayoría de los sueños y de las visiones cotidianas son la visión del útero.
          El cerebro y el útero son ambos centros de consciencia, igual de importantes.

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          La mayoría de los denominados artistas de, hoy han perdido el uso de sus cerebros. No hay forma de llegar a la consciencia, salvo a través del intelecto. Para llegar al mundo de la visión consciente de cualquier otra forma, es ser el ladrón que escala hasta el aprisco.
        Creo que hay artistas por venir en la próxima generación, algunos de ellos poseerán el secreto de usar sus consciencias.

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        Los artistas conscientes usualmente vienen en grupo. Esto se dio en los grandes italianos: Verrochio, Angelo, Ghiberti, el montón que precedió y siguió a Da Vinci, incluyendo estadistas, exploradores, hombres y mujeres de desarrollo curioso y sensible.
        Estuvo también el gran grupo ateniense: los dramaturgos, Sócrates, los artesanos, los hombres y las mujeres, sus seguidores y amantes. 

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           No hay grandes épocas en el arte sin grandes amantes.

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          Toda la doctrina de la visión de Sócrates fue una doctrina de amor. 
          Debemos estar "enamorados" antes de que podamos entender los misterios de la visión. 
          Un amante debe elegir a uno del mismo tipo de mente suya, un músico a un músico, un científico a un científico, un general a un joven también interesado en la teoría y práctica de las armas y los ejércitos.
          Empezamos con la simpatía del pensamiento.
          Las mentes de los dos amantes se funden, interactúan en la simpatía del pensamiento. 
        El cerebro, inflamado y excitado por este intercambio de ideas, asume su rol de consciencia, se convierte (como he visualizado en mi propio caso) en una medusa, ubicada sobre y alrededor del cerebro. 
          La zona amatoria está excitada por el aspecto o la belleza de quien se ama; su energía no disipada en la relación física, asume su rol de mente, y se convierte en este útero-cerebro o cerebro amatorio que he visualizado como una medusa dentro del cuerpo.
          El cerebro amatorio y el sobrecerebro son capaces de pensar. Su pensamiento es visión. 

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          Todo el mundo tiene la posibilidad de desarrollar esta visión. 
        La consciencia es como el cristal de unos binoculares de ópera. Cuando somos capaces de usar este cristal de consciencia, la visión del mundo en su totalidad se abre a nosotros. 
          He dicho que la consciencia es un cristal. Debo decir que, con mayor precisión, la mente amatoria y la consciencia son dos cristales. Cuando éstos están debidamente ajustados, enfocados, ellos traen la visión del mundo a la consciencia. Los dos trabajan separados, perciben separados, aunque crean una sola imagen.

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          El místico, el filósofo se contentan con contemplar, examinar esas imágenes. El dramaturgo ático las reproduce para hombres no tan dotados. Él se da cuenta que todo el tiempo esas no eran sus ideas. Esas ideas son eternas e invariables, y solo se hizo consciente de ellas, dramas ya concebidos que él vio; la memoria es la madre, engendradora de toda la dramaturgia, ideas, música, ciencias o canciones. 

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       Podemos entrar al mundo de la consciencia directamente, a través del uso de nuestro cerebro consciente. Podemos entrar en ella indirectamente, de otras formas. Cada persona debe trabajar su propio camino.
        Ciertas palabras y versos de los coros áticos, algún desperdicio de los dibujos de Da Vinci, el cochero délfico, tienen un efecto definido e hipnótico en mí. Todos ellos marcan, para mí, entradas directas y claras al sobre-mundo de la consciencia. Sin embargo, mi vía de aproximación, mis señales no son las tuyas.

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         Mis señales no son las tuyas, pero si hago resplandecer mi propio sendero, podría ayudarte a ganar la confianza y el impulso para salir de la oscuridad, la muerte, la vejez, el viejo mundo explorado miles de veces, el mundo muerto de las emociones y pensamientos sobretrabajados. 
        Sin embargo, el mundo de los grandes artistas creativos nunca muere. Las nuevas escuelas de teóricos del arte destructivo están en el tramo equivocado. Porque Leonardo y los de su tipo nunca envejecen, nunca mueren. Su mundo nunca está explorado, incluso veo difícil que se haya ingresado en él. Porque necesita una consciencia o un ligero resplandor de la inteligencia consciente para entender la inteligencia consciente.

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        El cochero délfico tiene, como he dicho, casi un efecto hipnótico en mí. La curvatura en sus brazos, lo afilado de su mentón; sus pies ya sea planos, ligeramente separados, son un pedestal firme para sí mismo; la caída de su ropaje, en precisión geométrica; y los ángulos de la ropa apelmazada en su cintura. 
            Todo esto no es "inspiración", sino trabajo cerebral puro y duro. 
            Esta figura ha sido creada con una fórmula que llegó al consciente o al inconsciente. 
         Si tuviéramos el correcto orden en nuestros cerebros, recibiríamos un mensaje definido de esa figura, como puntos y líneas contados por una estación receptora, recibidos y traducidos en un pensamiento definido por otro centro telegráfico.
        No hay problema sobre el arte. Hay suficiente belleza en el mundo del arte, suficiente en los fragmentos y el casi perfectamente preservado cochero en Delfos que solo rehará el mundo. 
            Queremos centros de recepción para puntos y guiones. 

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            Se dijo que Da Vinci enloquecía si veía el rostro de un niño en Florencia o un pájaro enjaulado o un niño con el pelo rubio cayéndose o parándose como un espiral apretado, semejante al trabajo del orfebre que él aprendió con Verrochio. Da Vinci enloqueció por las líneas del dorso del pájaro o el hombro del niño o el pelo del niño, las que obraron sobre él, como los trazos de una estatua hicieron al cochero y que obrarían sobre nosotros si tuviéramos un cierto orden del cerebro receptor. 

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        Dos o tres personas, con cuerpos saludables y un correcto orden de sus cerebros receptores, podrían dar un giro a toda la tempestad del pensamiento humano, podrían dirigir los rayos de poder eléctrico a cortar y destruir el mundo del pensamiento turbio y muerto. 
          Dos o tres personas reunidas en nombre de la verdad, la belleza, la consciencia, podrían traer toda la fuerza de ese poder de regreso al mundo. 

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            Es cierto que, en el año 361 de nuestra era, los galileos conquistaron Delfos. Eso ocurrió porque la mentalidad helénica perdió por completo el secreto de los puntos y los guiones. La fuerza eléctrica de las líneas y los ángulos del sacerdotal cuerpo del cochero siguieron revelando su mensaje, pero no había quien lo recibiera. 
            Los galileos conquistaron porque él fue un gran artista como Da Vinci. 
           Una canasta para peces volteada sobre la arena o una vela en un candelero o una moneda romana con una cabeza de rey poco pulcra podían excitarlo y darle ideas, como el pájaro o el rostro del niño o el pelo rubio del niño le dieron ideas a Da Vinci. 

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            Los galileos se enamoraron tanto de cosas como de personas. Él se enamoró de una gaviota o de una garza lacustre que se lanzó desde el grueso césped lacustre cuando Pedro saltó para arrastrar su gran bote a la orilla, o los pajaritos de lomo moteado comprados en el mercado por los judíos pobres. Entonces, habría mirado a Pedro con su gran cabeza antigua y al joven Judas con su mirada intensa, y repentinamente diría: "Ah, pero sus rostros, sus rostros son más hermosos, más cargados con ideas, con líneas que sugieren y me llevan a tocar con el mundo del pensamiento consciente, más que varios, varios gorriones". 

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          Él miró a los lirios azules y a los lirios bermellón que crecían bajo las cálidas dunas en el invierno sureño por horas y horas. Si él hubiera cerrado sus ojos, habría visto cada fibra y punto de azul o bermellón. Él habría respirado la fragancia con el viento y la sal. Él habría descansado por días junto a las orillas de los lagos marinos. 
     Luego, en el pueblo, habría alguna tragedia y él habría enviado a sus amigos y parientes quejumbrosos al carajo. Él se habría enojado, mientras miraba el rostro de la niñita, que ella estaba rodeada de tal fealdad. Él la habría mirado por un buen rato porque la belleza de la pequeña, de nariz respingada y párpados, su pelo pegado como algas a su fino cráneo pequeño, sus manos blancas. A él le habría gustado quedarse mirándola por horas, como a los lirios azules. Pero él estaba asustado de que podía ser interrumpido, otra vez, de súbito, con sus pesadas y negras ropas, y sus voces horribles. Entonces, él dijo: "Hija, te pido que te levantes".

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Hilda Doolittle (H. D.) (Bethlehem, 1886-Zurich, 1961) Traducción de Nicolás López-Pérez. La costura del propio códex.

lunes, 5 de febrero de 2024

olga orozco / alrededor de la creación poética (fragmento)


Para Andrea, con un pájaro blanco
para su hombro izquierdo y un puñado
de luciérnagas contra cualquier oscuridad,
con todo cariño.

La poesía puede presentarse al lector bajo la apariencia de muchas encarnaciones diferentes, combinadas, antagónicas, simultáneas o totalmente aisladas, de acuerdo con la voz que convoca sus apariciones. Puede ser, por ejemplo, una dama oprimida por la armadura de rígidos preceptos, una bailarina de caja de música que repite su giro gracioso y restringido, una pitonisa que recibe el dictado del oráculo y descifra las señales del porvenir, una reina de las nieves con su regazo colmado de cristales casi algebraicos, una criatura alucinada con la cabeza sumergida en una nube de insectos zumbadores, una anciana que riega las plantas de un reducido jardín, una heroína que canta en medio de la hoguera, un pájaro que huye, una boca cerrada. Las imágenes creadas por sus resonancias se fijan, se superponen, se suceden. ¿Cuál será la figura verdadera en este inagotable calidoscopio? Todas y cada una. La más libre, la más trascendente sin retóricas, la no convencional, la que está entretejida con la sustancia misma de la vida llevada hasta sus últimas consecuencias. Es decir, la que no hace nacer fantasmas sonoros o conceptuales para encerrarlos en las palabras, sino que hace estallar aun los fantasmas que las palabras encierran en sí mismas.

Pero estas conclusiones enuncian características y no significados de la poesía. Y es casi fatal que así sea, porque la poesía en su esencia, en su representación total, así como el universo, como esa esfera de la que hablaban Giordano Bruno y Pascal, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna, es inaprensible. No se la puede abarcar en ninguna definición. Cualquiera sea el centro cambiante desde el que se la considere –pepita de fuego, lugar de intersección de fuerzas desconocidas o prisma de cristal para la composición y descomposición de la luz–, su ámbito se traslada cuando se lo pretende cercar y el número de alcances que genera continuamente excede siempre el círculo de los posibles significados que se le atribuyen. Intentar reducirlos a una fórmula equivale a suspender el vuelo de una oropéndola, a paralizar a un ángel, a domesticar a un dios natural y salvaje y a someterlos a injertos, a operaciones artificiosas y a disecciones hasta lograr cadáveres amorfos. Porque la poesía es un organismo vivo, rebelde, en permanente revolución, y aun la definición más feliz, la que parece aislar en una síntesis radiante sus resonancias espirituales y su mágica encarnación en la palabra, no deja de ser un relámpago en lo absoluto, un parpadeo, una imagen insuficiente y precaria. La poesía es siempre eso y algo más, mucho más.

Tenemos que conformarnos con aludir a ella a través de los medios de que el poeta se vale para alcanzarla, confundiendo así de alguna manera el camino con el objetivo. Unos y otros poetas se han referido y se refieren a la poesía desde el propósito que ha sustentado su acto creador, porque, aunque las consecuencias de éste sean insospechadas, sus procesos están, deliberadamente o no, marcados por la intención de quien los suscita. Es decir, la actitud inicial del poeta tiñe con un sentido último a su poesía, a esa faz particular de la poesía. Quiéralo o no, cada uno funda su arte poética, aun remitiéndose a la negación de toda regla, y le impone sus leyes: las de la libertad absoluta, las del rigor extremo, las del abandono y la brusca vigilancia. Bajo estas directivas que rigen un material en ebullición, una arquitectura pétrea o una sustancia cristalina, el acto creador se convierte, en uno y otro caso, en arco tendido hacia el conocimiento, en ejercicio de transfiguración de lo inmediato, en intento de fusión insólita entre dos realidades contrarias, en búsquedas de encadenamientos musicales o de símbolos casi matemáticos, en exploración de lo invisible a través del desarreglo de todos los sentidos, en juego verbal librado a las variaciones del azar, en meditación sobre momentos y emociones altamente significativos, en trama de correspondencias y analogías, en ordenamiento de fuerzas misteriosas sometidas a la razón, en dominio de correlaciones íntimas entre el lenguaje y el universo. Los enunciados podrían continuar indefinidamente. Sobre ellos planean, entre otras y por no ir más lejos, las sombras de Rimbaud, de Verlaine, de Mallarmé, de Apollinaire, de Eliot, de Bretón, de Eluard, de Reverdy. Entre todas configuran un mosaico hecho de fragmentos complementarios, de tonos francamente opuestos, de zonas que se superponen o se rechazan. Ampliando esta visión con los colores de otras épocas y otros territorios, aparece un panorama general aún más contradictorio, pero ilustrado en sus armonías y en sus disonancias por experiencias prestigiosas, por ejemplos que no se pueden descalificar aun cuando frente a algunos de ellos nuestro punto de partida se encuentre en la otra orilla.

Recorrer la trayectoria de la poesía desde la formulación del encantamiento y su consecuente palabra de poder hasta la época actual es un camino en doble espiral, tan largo como la génesis del lenguaje y tan tortuoso como la historia del hombre.

Pero condensando todos los ismos, que unen y separan como los verdaderos istmos, reuniendo en un solo cuerpo las palabras que nacen, crecen, mueren y renacen, es posible afirmar que más allá de cualquier discrepancia de acción y de fe la poesía se alza a través de los siglos como un acto de fe, como una crítica de la vida, un cuestionamiento de la realidad, una respuesta frente a la carencia del hombre en el mundo, una tentativa por aunar las fuerzas que se oponen en este universo regido por la distancia y por el tiempo, un intento supremo de verdad y rescate en la perduración.

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Olga Orozco (Toay, 1920-Buenos Aires) Eterna Cadencia.